Yerba mate: cómo reutilizarla para generar energía

Un grupo de científicas e ingenieras de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) ha logrado un gran avance en el campo de la energía sostenible, al desarrollar pilas recargables utilizando yerba mate usada. La yerba mate demuestra tener un potencial sorprendente como material capaz de almacenar energía. Los ensayos exitosos realizados durante los meses de abril y junio en España, gracias al respaldo de la Fundación Carolina y el Ministerio de Educación, han allanado el camino para la posibilidad de una producción a gran escala en Argentina.

Las científicas aprovecharon su tesis doctoral para investigar. Estos dispositivos creados no son propiamente pilas, sino supercapacitores, una forma avanzada de almacenamiento energético que permite una carga y descarga ultrarrápida. Esta característica los hace ideales para ser empleados en dispositivos o aparatos que requieren energía instantánea, como móviles, ordenadores y vehículos eléctricos.

Es importante destacar que estos supercapacitores no reemplazan completamente a las baterías tradicionales, sino que funcionan en conjunto con ellas. Cuando se necesita una liberación de energía rápida, los supercapacitores entran en acción, mientras que para un suministro constante durante un período más largo, entra en juego la batería convencional del equipo.

Además de la yerba mate, el equipo de investigación ha explorado el potencial de otros residuos vegetales, como el rastrojo de trigo y maíz, los restos de la industria medicinal del cannabis, el bagazo (residuo de los frutos que se exprimen para sacarles el jugo) de la industria cervecera, la poda de olivo y el alperujo (un subproducto de la extracción de aceite de oliva). Esta técnica innovadora no solo contribuye a la reducción de residuos, sino que también evita la necesidad de nuevas plantaciones de árboles (de los cuáles se obtiene el carbón activado) o la extracción de carbón mineral, al aprovechar los recursos disponibles de manera sostenible.

Con la fase de laboratorio exitosamente completada y resultados prometedores en mano, las científicas ahora buscan llevar a cabo la próxima etapa, en esta, se aspira a lograr una mayor producción y afinar los procesos necesarios para una eventual implementación a nivel industrial. Este desarrollo no solo destaca el potencial innovador de la investigación argentina, sino también su contribución a la gestión sostenible de recursos y a la promoción de tecnologías ecológicas en el ámbito global.

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